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Teletrabajo, Conciliación y Corresponsabilidad

El teletrabajo ha llegado por sorpresa y necesidad, pero con vocación de permanecer.


Para la mayoría de las empresas de nuestro país y personas trabajadoras el teletrabajo es una práctica novedosa que, de repente, hemos tenido que implantar sin contar con un marco regulatorio, ni con los recursos y condiciones necesarios.


Antes de la declaración del estado de alarma con motivo de la pandemia de la Covid-19, en España poco más del 20% de las empresas hacía uso de esta modalidad de organización del trabajo y tanto sólo alrededor del 6% de personas trabajadoras lo utilizaban, de ellas más mujeres que hombres y la mayoría de las veces con el objetivo de favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar al evitar con ello la pérdida de tiempo en desplazamientos al lugar de trabajo y la posibilidad de disfrutar de una mayor flexibilidad horaria.


Sin embargo, lo que en una lectura rápida puede parecer una solución idónea a estas cuestiones queda en entredicho si el análisis - más profundo - incorpora, además, la mirada de género. Pues estas "soluciones" de alguna manera lo que han provocado es un reforzamiento de los roles y funciones de cuidados tradicionalmente asociados a la mujer.


Ya sucedió en su día con las excedencias y medidas de reducción de jornada por motivos de cuidados familiares previstas en la ley 39/1999, de 6 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral y que, a la postre, al ser utilizadas mayoritariamente por las mujeres trabajadoras con cargas familiares generaron, en parte, un efecto perverso al no venir acompañadas de medidas que promovieran decididamente la corresponsabilidad y el reparto equitativo de estas responsabilidades.


Por otro lado y en el mismo sentido, la realidad ha puesto de manifiesto la necesidad de invertir en la creación de nuevos y más numerosos recursos para la conciliación (guarderías, centros de día, recursos residenciales y asistenciales para mayores y personas dependientes, etc.), sin que su insuficiencia pueda "suplirse" ahora por el hecho de trabajar desde casa y más aún si pensamos en las familias monomarentales: en España hay casi 1,9 millones de hogares con un sólo progenitor de los que más del 82% son mujeres.



Riesgos del Teletrabajo: la mirada de género

Y es que la situación actual de teletrabajo, por más que en ciertos casos pueda revertirse una vez alcanzada la denominada "nueva normalidad", está generando ya importantes efectos sobre las mujeres trabajadoras. Así lo ponen de manifiesto las conclusiones preliminares del estudio que está siendo realizado por un grupo de investigación de la Universidad de Valencia y que, en resumen, muestran que:

  1. Las mujeres madres no sólo están teletrabajando y a la vez realizando tareas domésticas y de cuidados, sino que en ocasiones se añade que deben intentar facilitar que sus parejas trabajen o teletrabajen, sobre todo, cuando los horarios de trabajo de la pareja son rígidos y no se permiten interrupciones.

  2. Algunas sienten que están trabajando (y cuidando) todo el día. A menudo, tener flexibilidad de horarios se convierte en una demostración continua y un ejercicio de responsabilidad para con sus superiores.

  3. El seguimiento escolar de los hijos e hijas en edad educativa se sigue desarrollando mayoritariamente por las madres, lo que se ha convertido en un elemento de ansiedad y estrés añadido pudiendo, incluso, llegar a dañar la convivencia con las y los menores recluidos.

  4. Es un recurso habitual por parte de las madres cuyo trabajo requiere tareas de máxima concentración y silencio teletrabajar durante la madrugada, ya sea retrasando el momento de ir a la cama o levantándose antes que el resto de miembros de la familia, disminuyendo su tiempo de descanso.

  5. Por último, en algunas parejas se observa una mayor disposición por parte de los hombres a realizar tareas que no solían realizar antes (poner lavadoras, cocinar, ir a la compra, compartir horas de juego con los niños y niñas…), lo que puede ser una oportunidad para consolidar cambios en los modelos de corresponsabilidad.


A estos efectos "coyunturales" hemos de añadir otros propios del teletrabajo como:

  1. El peligro de aislamiento que, combinado con el menor tiempo personal del que ya disfrutan las mujeres puede resultar altamente perjudicial.

  2. El uso de las TIC´s puede permitir la disponibilidad 24 horas y, por tanto, generar sobreexplotación, lo que vendría a sumarse a las peores condiciones laborales de las que disfrutan las mujeres.

  3. La aparición de nuevos riesgos como el tecno-estrés o las dificultades para "desconectar" del trabajo o para separar el trabajo y la familia, que pueden repercutir en el incremento de riesgos psico-sociales más presentes entre la población trabajadora femenina.

Por todo ello, urge regular el Teletrabajo con perspectiva de género, promover avances efectivos en materia de Corresponsabilidad y dotarnos como sociedad de los recursos necesarios para hacer posible la Conciliación de la vida laboral, familiar y personal de manera real.

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